El racismo es la tradición más vieja del poder

Entendámonos de una vez, el racismo en Bolivia no son solo insultos, no son comentarios opas en redes sociales, tampoco son políticos o pseudoperiodistas que a veces con sus comentarios se pasan de vivos. No, el racismo hoy es casi una regla, es parte de esta horrible estructura que nos  quiere obligar  a aceptar las cosas como son, donde hartos obedecen y pocos mandan

Esta realidad racista ni siquiera se cuestiona, se la válida, parece que todos la aceptan porque no les queda de otra. Cada cierto tiempo nos convocan a elegir quiénes representarán, cuidarán y en muchos casos profundizarán este racismo, lo peor es que lo disfrazan de política y dicen que todo es por nuestro bien cuando parece ser todo lo contrario.

Los políticos, con algunas pocas excepciones, llevan décadas mirando a la gente hacia abajo, con mucho desprecio y pena, como si fuéramos un caso de caridad. Las expresiones o acciones racistas o clasistas no son errores, no lo fueron antes y no los son ahora. Siempre fueron políticas de Estado, asentando narrativas extrañas para justificar sus terribles decisiones, como que los indígenas eran el “problema”, como que los campesinos son “ignorantes”, como que cualquier demanda hecha por cualquier sector es una “minoría resentida”. Esto no es solo de este gobierno es de muchos otros gobiernos pasados.

Algún listillo dirá, “eso era antes, siempre miras al pasado”. Lo que no entienden es que lo que estamos viviendo es la continuidad de lo que siempre se hizo. Porque hoy personajes mediáticos salen a decir que los movilizados son “obligados”, que no saben pensar y por lo tanto no tienen voluntad propia, porque todos son juguetitos manejados desde el Chapare (como si el Chapare aún tuviera la fuerza para hacerlo). Esa es la lógica del desprecio en todo su esplendor. Por sus mentes no se concibe la idea de que un poncho rojo pueda tener criterio, porque si lo tuviera, tendrían que reconocer que su reclamo es legítimo. Y eso es peligroso para algunos que viven de esto.

Pero si alguien dudaba de que el racismo estructural esté más vivo que nunca, que mire lo que está pasando en las calles de La Paz. Por ahí alguien mencionó un grafiti que dice “Haga patria, mate un indio”. Ese no es un comentario cualquiera, eso está hecho con total conciencia, eso dice mucho y prácticamente es una declaración de sus intenciones más oscuras. Lo preocupante es que no es aislado, en redes sociales, mucha gente escribe “los campesinos vienen a joder mi ciudad”, “Indios de m….”, “bala”, “salgamos a golpearlos”. Lo peor de todo esto, es que revisando detenidamente quienes escriben los mensajes más violentos, son cuentas digitales que en otras publicaciones comentan a favor de Doria Medina, Tuto Quiroga y otras figuras políticas que podríamos identificar como de derecha de clase alta. Entonces, esto invita a pensar ¿Por qué y para qué hacen esto? ¿Quién gana con esto? ¿Son bots? ¿Si fueran bots quién los paga? Definitivamente hay mucho que analizar en este punto.

Pero esta situación también es geográfica y económica. Sin generalizar, en El Alto y en las laderas viven indígenas y descendientes de indígenas que son justamente quienes mantienen los bloqueos. Más abajo, por la zona sur, están las élites, generalmente de piel blanca que piden “mano dura”. Esa verticalidad es interesante para explicar esta estructura racista, porque los de arriba son los de abajo, y los de abajo son los que mandan, pero son los siguen mirando desde arriba.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ya lo dijo: las protestas se desarrollan en un contexto de “racismo estructural y sistémico”. No es mi percepción, es un diagnóstico de un organismo internacional, creo que mínimamente deberían tomarlo en cuenta y analizarlo.

Ahora otro listillo dirá, “también existe racismo inverso”, y eso también hay que decirlo. Cuando los manifestantes ven alguien con tez más clara, le gritan “¡fuera q’aras!”. Pero aquí cuidado con caer en un falso equilibrio, una cosa es el grito de quien ha sido oprimido siglos y otro es el grafiti que invita a desaparecer un indio. No son lo mismo, aunque a algunos supuestos intelectuales de redes sociales les guste ponerlo al mismo nivel, supongo que para lavarse la conciencia.

Indistintamente del lado en el que se encuentre, la realidad es que siete personas han sido víctimas fatales de todo este conflicto. Y mientras tanto, el gobierno genera una nueva etiqueta: “narcoterroristas”, no dice nada sobre los grupos de choque que descaradamente sacan armas caseras y no caseras en las mismas narices de la policía. ¿Por qué hace esto? ¿Tal vez  porque necesita estigmatizar y agrupar a varios sectores que lo cuestionan?

Seamos claros, no son simplemente personas racistas, son personas que entienden que las diferencias sociales son también diferencias raciales, y eso no se arregla con folletitos de sensibilización, hay mucho por hacer, y quien debe hacerlo parece que está mirando hacia otro lado. La estructura debe ser cuestionada, mientras todo siga igual el racismo seguirá siendo la base del poder.