Carlos Macusaya

El fantasma de octubre

El “fantasma de octubre” es esa posibilidad de que nuevas movilizaciones terminen tumbando al gobierno, como ocurrió en octubre de 2003. Hoy ese fantasma acecha a Rodrigo Paz El “Pollo” tiene más rechazo que durante los más de 50 días de protestas de este año. Que gran parte de ese rechazo se vuelque a las calles es algo cada vez más posible. Podría darse en octubre o incluso en septiembre, pero la situación de gobierno no es la misma que en mayo y junio y el resultado podría ser muy distinto. Los más de 50 días de protestas que tuvimos mostraron la capacidad de movilización de varios sectores, principalmente rurales. El amedrentamiento, mediante detenciones de varios dirigentes, no ha sofocado el mal estar entre quienes en su momento salieron a las calles. Todo lo contrario. En medio de la desastrosa gestión gubernamental, se ha tomado como una razón más para exigir la renuncia de Paz. De yapa, el estallido del caso Cerimedo, principal asesor de Paz, llega como gasolina en un escenario inflamable. Ya muchos de quienes defendían a capa y espada al gobierno durante los bloqueos han cambiado de opinión. La incertidumbre abruma a los sectores populares. La única certeza que se apuntala es que con este gobierno no solo las cosas no mejoran, sino que van a peor. ¿Volveremos a la situación de mayo y junio? ¿Un gobierno inca-Paz frente a sectores movilizados que no pueden articular a otros para inclinar la balanza? A diferencia de otras movilizaciones, como en 2019, los sectores ubicados en las periferias urbanas, salvo algunos casos, no se sumaron a los bloqueos que sostenían pobladores del campo durante más de 50 días, pero no por estar a favor del gobierno. Los sectores populares venían asimilando el golpe económico que significó la eliminación del subsidio a los carburantes y enfrentaban la escasez de productos y alza de precios por las medidas de presión. A la vez, las protestas no les “ofrecían” un horizonte más allá de lo inmediato: la renuncia de Paz. Quedaron políticamente paralizados entre administrar el día a día de “su” pobreza y la incertidumbre. En los más de 50 días de protestas vimos dirigentes desconcertados y erráticos, con perspectivas muy estrechas. No estaban a la altura. En buena medida, son el producto del “proceso de cambio”, del control del MAS sobre organizaciones y del “control” a nivel de base de amplios sectores que apoyaron decididamente a dicho partido en el gobierno. A diferencia de los dirigentes que se formaron en las luchas antes del “proceso de cambio”, quienes hoy encabezan distintas organizaciones no tienen experiencia en confrontar al poder y, por lo mismo, no han desarrollado recursos discusivos ni de acción. Sin embargo, no solo se trata de la dirigencia, pues estos también expresan lo que sucede en sus sectores. Sumado a ello, las jornadas de bloqueos, en los niveles organizacionales más cercanos a las bases en el departamento de La Paz, en muchos casos, fueron la oportunidad para que jóvenes dirigentes empiecen a adquirir cierta visibilidad en lo local, disputando el qué se dice y el cómo se hace… Estos, en muchos casos, lograron conectar con el “desencanto” campesino frente al gobierno del “español Rodrigo Paz”, esgrimiendo la radicalidad indianista frente a los q’aras. Suplían con entusiasmo y aires de autosuficiencia el análisis frío de la situación, de la correlación de fuerzas o de las debilidades de los actores en la disputa. Las protestas están casi a la vuelta de la esquina. Sectores antimasistas que se han distanciado del gobierno tienen interés en acortar el mandato de Paz y podrían aprovechar la situación. Jorge Tuto Quiroga sería su primera ficha. Pero es muy dudoso que este logré ganar terreno entre los sectores populares púes representa lo que estos rechazan. Del otro lado está, les guste o no, está Evo Morales Ayma, quien conserva aún un núcleo de apoyo duro entre sectores rurales. Aunque cabe hacer notar que en 2005, a diferencia de Felipe Quispe, Evo era un articulador: buscaba sumar. Hoy, después de haber sido endiosado, ya no articula; espera que los otros reconozcan, a ciegas, “su grandeza”. De darse nuevas movilizaciones, lo más probable es que no tendremos cosas muy distintas a nivel dirigencial respecto a lo que ya se vio en mayo y junio. Seguramente los jóvenes dirigentes a nivel de comunidades y subcentrales retomarán la iniciativa. Pero entre todos estos niveles dirigenciales, aunque no sea su propósito, pueden terminar favoreciendo a Paz. Los erráticos nacionales y los entusiastas locales podrían dar lugar al aislamiento de las posibles protestas. Sin embargo, el descontento con el gobierno es tal que podríamos tener movilizaciones mucho más masivas, en las que las dirigencias terminen siendo ampliamente rebasadas. Inicia septiembre y el “fantasma de octubre” acecha cada vez más al gobierno…

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Un ciudadano increpó al senador Nilton Condori

El DEBER publicó a ayer “Un ciudadano increpó al senador Nilton Condori”, tratando de mostrar un hecho calculado como espontáneo. No me interesa “sacar cara” por Condori, quien claramente le agarró el gusto a lanzar frases altisonantes para aparecer en medios. Hasta ahora no ha mostrado más que eso… Lo que quiero resaltar es que quien increpó a Condori fue Edgar Mora, un personaje conocido por aparecer en determinadas circunstancias y cumplir la tarea de atacar verbalmente a “enemigos” del antimasismo. Notas de prensa referidas a Mora se encuentran en varios medios, incluido El Deber. Por ello es llamativo que este último se refiera a este personaje de manera genérica como “ciudadano”, omitiendo identificarlo directamente. Mora ganó cámaras cuando en la Plaza de los Héroes se formó el Comité Cívico Popular, entre 2007 y 2008, por iniciativa de las personas que asistían a ese espacio y que trataban de responder de alguna manera a las agresiones racistas que se daban en Santa Cruz, Cochabamba y Sucre, especialmente. Desde el Comité Cívico Pro Santa Cruz se promovían esas agresiones, principalmente a través de la organización paramilitar Unión Juvenil Cruceñista. Las personas que asistían a los debates de la Plaza de los Héroes estaban muy indignadas por la violencia que sufrían los “indios” en otras ciudades y por el papel encubridor que jugaban varios medios de comunicación. Optaron por movilizaciones y, para ser identificados, decidieron tomar el nombre de Comité Cívico Popular, en contraposición al Comité Cívico Pro Santa Cruz. Desde el 2009 en adelante, el escenario político cambió, la plaza fue remodelada y el Comité Cívico Popular dejó de existir, pero Mora siguió usando ese nombre para aparecer en medios, pero al no tener bases reales en las que apoyarse, optó por ser presentado como “activista” opositor al MAS. Incluso llegó a presentarse como candidato para defensor del pueblo en 2022. Recientemente (ayer) se han registrado agresiones a Condori; una de ellas fue protagonizada por Mora. Se dieron el tiempo para esperar y “agarrar” al senador. Lo atacaron verbalmente con agresividad para asfixiarlo ante cámaras (para que se difunda), algo que no se ve en la gente de a pie (que sí está molesta, pero muy ocupada en resolver su día a día) y que es propia de trabajos encomendados contra enemigos políticos. No fue algo espontáneo y así como Mora tiene amplia experiencia en realizar ese tipo de trabajos, El Deber también tiene experiencia en maquillarlos.

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Analistas de minorías – “Miopía de analistas”

“Minorías efectivas”, una muletilla repetida por los “analistas” de siempre y sus retoños; un grupo reducido, pero formado por “caseros” de los “mass media” por razones políticas. Algo que me llama la atención en esto es que quienes usan dicha muletilla son minorías “evasivas”, pero masificadas mediáticamente. Desfiguran de manera intencional la situación, presentando “artificios efectivos”, como la “mayoría que quiere trabajar” frente a los “bloqueadores”. Así evaden los temas que ponen en riesgo a sus patrocinadores; ese es su trabajo. Hay un antecedente muy ilustrativo sobre cómo, desde grupos de poder, se usa la idea de minorías y mayorías según les convenga o no. En 2006, el Movimiento Al Socialismo (MAS) había logrado obtener 137 representantes en la Asamblea Constituyente, de un total de 255 asambleístas. Es decir, logró mayoría absoluta. La oposición de entonces, para frenar la mayoría lograda en urnas por el MAS, se atrincheró en “democracia es dos tercios”, alegando también que se debía respetar a las minorías. Si el MAS hubiera logrado dos tercios, seguramente la oposición hubiera dicho que “democracia es tres cuartos” y así… No fue solo eso, pues simultáneamente trataron de anular la Asamblea Constituyente usando como pretexto el tema de la capitalía plena y agitando el racismo contra quienes habían logrado ser mayoría. Ninguno de los “analistas” los identificó como “minorías efectivas”. Las posibilidades que se abrían con dicha asamblea, los riesgos (más imaginarios que reales) que veían las élites bolivianas, entre otros, estaban condicionados por el escenario que se abrió con las movilizaciones de inicios de siglo. La violencia racista y el refugiarse en los dos tercios no se entienden sin ver el proceso más amplio en el que emergen. Reducir hoy la situación del país a una “mayoría que quiere trabajar” frente a los “bloqueadores” es un recurso para dejar de lado lo que está en juego y que va más allá de lo coyuntural. No se trata de simple miopía de analistas. Es un trabajo de “análisis” deliberado en favor de minorías para evitar referirse a la “Bolivia instrumentalizada: La red que capturó un Estado” con el gobierno de Rodrigo Paz.

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