Opinión

La justicia funciona solo cuando conviene

Doce bolivianos fueron sancionados por presunta corrupción vinculada al narcotráfico. Definitivamente la acusación es gravísima. El fiscal general Mariaca, que también fue acusado, habría “solicitado y aceptado sobornos para facilitar el narcotráfico y ayudar a delincuentes violentos a evadir la justicia”… Siendo sincero tengo muchas dudas. Ojo, no de la corrupción de Mariaca, de eso no tengo dudas, sino del timing. Porque las casualidades en política son raras, aunque sí existen, pero cuando son tantas y tan convenientes, uno empieza a sospechar que no son casualidades, sino cálculos fríamente pensados. Dudo mucho que Mariaca sea un santo. Fue un fiscal descaradamente funcional al gobierno durante mucho tiempo. Guardó sepulcral silencio cuando debía hablar, miró a un costado cuando le convenía, y durante su gestión sucedieron cosas muy oscuras; las narcomaletas, las cajas fuertes de Marcet, el contrabando de oro, entre otras cositas. Nadie de afuera dijo nada entonces. Porque Mariaca era un instrumento útil. Ahora que el hombre decide actuar en el caso Cerimedo (alguien incómodamente cercano al gobierno) aparece una sanción. ¿Qué casualidad, no? Justo cuando el presidente Paz regresaba de su viaje a Estados Unidos, qué casualidad. Y en mi opinión aquí está el problema de fondo. La justicia boliviana, durante décadas, fue una escribanía del poder de turno. Los jueces fallan según la orden del día, los fiscales persiguen a los enemigos del gobierno, los mismos fiscales protegen a los amigos del gobierno, los vocales apoyan al mejor postor. La justicia funcional sostiene el circunstancial poder. Pero hoy, un fiscal osa investigar a alguien cercano al gobierno y de inmediato aparece una sanción desde afuera. ¿Acaso la justicia solo vale cuando favorece a los gobiernos de turno? Todos los gobiernos dicen livianamente que respetan la independencia de poderes, que respetan la Constitución Política del Estado, que respetan las reglas del juego. Pero… Hay algo que no cuadra. Y la población se da cuenta y no tiene otra más que mover la cabeza de lado a lado con reprobación, es indignante. Pero mientras estamos sorprendidos, el gobierno hace lo que mejor sabe hacer, echar la culpa a otros. La corrupción es de Mariaca, la crisis es de Evo, la gasolina basura es de los cisterneros, los bloqueos son de los narcoterroristas. Nunca es culpa de ellos. Nunca cometen errores en su gestión. Nunca tienen vínculos cuestionables. No me importa si Mariaca es culpable o inocente. Lo más probable es que sea culpable, como muchos que han pasado por ese cargo. Pero el problema no es ese. El problema es el sistema que funciona así, manteniendo gente mientras sirva. El problema es una justicia que nunca fue independiente, ni antes ni ahora. Y el gran problema es la decisión del gobierno que usa a un país extranjero para resolver sus problemas internos. Que quede claro, no defiendo a Mariaca. No defiendo a nadie. Solo digo que el mensaje es clarísimo “no hay que salirse del libreto”. Eso no es justicia, lo peor es que aún no sé qué será.

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Haz patria: no mandes a tu hijo al cuartel

En Bolivia, hacer el servicio militar puede convertirse en una sentencia de muerte. Las cifras y las denuncias acumuladas en los últimos años muestran una violencia y negligencia que las Fuerzas Armadas no han logrado erradicar. Una investigación de Opinión y CONNECTAS llamado “Cuarteles de la muerte: el lado oscuro del servicio militar en Bolivia” identificó 62 muertes de conscriptos entre el 2011 y 2023. Las causas son variadas, pero la mayoría parten del famoso «jaripeo», una actividad donde superiores maltratan, humillan y hasta torturan a soldados de bajo rango. Y si no es el jaripeo, es la negligencia de los superiores por no intervenir en situaciones donde corre riesgo la vida de los soldados. Beymar Quispe Montenegro, Mauricio Apaza Guarani, Óscar Márquez Jiménez, Edwin Veizaga Peredo, Axel Ariel Villacaisa Menacho, Reynaldo Javier Charca y Jorge Poma Coria son solo algunos de los fallecidos en los últimos años. Las circunstancias de sus muertes son distintas: en unos casos hubo denuncias de golpes y castigos físicos; en otros, lesiones internas, fallas multiorgánicas, asfixia o muertes cuyas circunstancias continúan siendo cuestionadas por las familias. Ninguna de estas víctimas obtuvo justicia. ¿Qué tiene que ver esto con la explosión en el cuartel Bolívar de Viacha? Hay muchas hipótesis al respecto de las dos explosiones, pero todas llegan a la conclusión de que hubo negligencia de la institución militar. Una hipótesis apunta a la presencia y posible mala manipulación de material explosivo y pirotécnico, entre ellos granadas, boosters (que son multiplicadores explosivos) y pólvora negra. El Ministerio de Defensa informó que en el lugar se encontraron estos materiales y que los peritajes deberán determinar qué papel tuvieron en las detonaciones. Esta es una de las hipótesis que circulan entre la población y especialistas consultados. Otra hipótesis surge de los propios documentos encontrados por el Ejército. Existen registros de 2019-2020 de material pirotécnico que había sido recibido en el cuartel para su DESTRUCCIÓN. Sin embargo, todavía no está claro cuánto de ese material fue efectivamente destruido, trasladado, devuelto o dado de baja y cuánto permanecía en el cuartel al momento de las explosiones. Una tercera hipótesis, y que tiene relación con la segunda, fue planteada por el medio Sol de Pando, que sostiene que el Regimiento Bolívar funcionaba como depósito de pirotecnia decomisada por la Aduana y de material bélico desechado que no habría sido destruido en los plazos correspondientes. El medio atribuye esta versión a expertos militares consultados y responsabiliza especialmente a gestiones anteriores del Ministerio de Defensa (gobiernos del MAS). Como se mencionaba anteriormente, la confirmación de cualquiera de estas hipótesis obligaría a investigar la negligencia de una institución que no habría cumplido con su responsabilidad de precautelar la seguridad de sus soldados ni de la comunidad que la rodea. Las viviendas de los vecinos se encuentran a pocos metros del recinto militar. No estamos hablando de una explosión cualquiera, sino de un hecho que pudo haber sido prevenido mediante una adecuada fiscalización, protocolos de seguridad y una gestión responsable del material explosivo. Aquí está en juego, además, la propia seguridad del Estado. No es un accidente, es negligencia, una negligencia grave que pudo acabar en una catástrofe mayor. Además, fueron dos explosiones en el municipio, el segundo fue de mucho mayor impacto. Según el reporte municipal, la onda expansiva se sintió hasta un kilómetro a la redonda. ¿Cuánto tiempo hubo entre la primera y la segunda explosión? Según ANF, hubo 20 minutos, desde las 14:30 que sucedió la primera explosión. No es mucho tiempo, pero sí suficiente para alertar a autoridades e instalar algún protocolo de emergencia y de evacuación de soldados, mínimamente. Este video muestra, cómo civiles ingresan al área afectada e incluso manipulan restos de la primera explosión. No hay ningún soldado que impide que ingresen, pero, además, la gente no sabe qué pasa realmente y se amontona alrededor de la institución militar. ¿Qué hicieron las autoridades durante esos aproximadamente 20 minutos entre una primera explosión y una segunda mucho más potente? ¿Por qué la primera información oficial describió el incidente como una detonación de material pirotécnico, mientras posteriormente se informó de la existencia de material bélico? Además que el mismo informe oficial negó la existencia de heridos al inicio. No sólo intentaron minimizar el hecho, sino que hasta el día de hoy hay padres de familia esperando los cuerpos de sus hijos, pero las autoridades no calman ni siquiera su angustia. Han dejado abandonados restos de los fallecidos en morgues y las familias han tenido que deambular por hospitales y morgues para encontrar a sus hijos. No, señor alcalde de Viacha, no le permito que diga «no hay que buscar culpables», no se lo permito. Por respeto a las familias afectadas, por respeto a su dolor y a su impotencia, usted tiene la obligación de exigir responsables y pedir justicia. Dragoneante Jhon Tancara Mita. Dragoneante Gabriel Choque Alanoca. Soldado Wilson Copa Mamani. Soldado Wilder Oliver Aruquipa Aruquipa. Soldado Arnel Rubén Flores Poma. Soldado Brayan Pacheco Monrroy. Son los soldados que se suman a los 62 fallecidos por el ejército boliviano. Casi 70 soldados muertos. Todos ellos jóvenes, algunos ni quiera llegaron a los 20 años. Casi todos: hijos de campesinos, hijos de trabajadores y comerciantes. No fueron a la guerra. No los mató el «enemigo». No les dispararon en batalla. Los mataron sus propios compatriotas. Los mataron bolivianos. No hay honor en un ejército que mata a sus propios soldados.

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¿Para qué leer y escribir?

Existe una ausencia de culto al libro en Bolivia, porque no se cultivó en siglos. A los indios se les prohibió. El español y el criollo en la colonia y la república no le dieron atención, éstos estaban más preocupados en enseñar la palabra de Dios y garantizar la fuerza de trabajo gratuito. La “rancia aristocracia” boliviana, durante 130 años, mantuvo a los indios lejos de la educación y de los libros; por si eso fuera poco, los letrados de finales del ochocientos, les escupían con los peores insultos: “indio sucio, ignorante, torpe de entendimiento…”, “degenerado nacido para servir”, “sombrío, asqueroso, huraño, prosternado, estúpido y sórdido”. Para el novecientos, la situación no había cambiado casi nada. Gamonales y hacendados hacían persecuciones a quienes llevaban la lectura y la escritura clandestinamente a las comunidades del altiplano. El arrojo de aquellos indios, que se habían atrevido a fundar escuelas, tuvo una razón fuerte: Saber leer y escribir eran victorias contra su opresión. Leer era una llave a otros conocimientos almacenados en esas hojas repletas de líneas negras, con los que podían plantearse soluciones. Escribir era ir más allá, como cambiar el orden de las cosas. Los raros indios que se dedicaron a la escritura, emitían su propio pensamiento y mensaje; se quitaban del hombro, la mano tutora de los escritores blanco-mestizos. La idea sobre los indios como “una gran fuerza y poca inteligencia”, acuñada por Franz Tamayo, era una falsedad. En 1934, la gran inteligencia escribía: “En la colonia no existe derecho a la cultura para las clases oprimidas, el indio y el mestizo. La cultura es un privilegio de los hijos de España o de los criollos que respiran a español… La literatura de la colonia es una literatura escrita, pensada y sentida en español”. Tiempo después, el indio mozo arrojó al fuego a todos los escritores bolivianos y del continente colonizado, porque la literatura producida por el gamonalismo literario, hasta 1960, era contra los indios. El lozano: Fausto Reinaga. Para la segunda mitad del siglo XX, el nacionalismo revolucionario estaba en su auge, se hablaba de los bribones que quemaron las haciendas del servilismo: Los campesinos tienen derecho a leer y escribir, democratizamos la educación. Aprender a leer y escribir, ya no era delito, sino un derecho. Pese a ello, a muchos no les gustaba que los indios accedan a las escuelas paupérrimas, pero nada se podía hacer, ya las manos callosas erigían aulas. Si en la colonia la letra entraba con sangre a los blancos, después del código de educación de 1955 que daba acceso a las escuelas, los indios, sangraban; sin embargo, la lectura no era cultura, ni se tenía culto a los libros; por lo que, en el mundo de la literatura, el indio no narraba sus desventuras ni su dolor, solo era el personaje de las novelas escritas por aquellas manos que en el pasado sujetaban el chicote. La escuela era el terreno fértil para producir a las nuevas manos que escribirían su propio destino. Y en el tiempo de los gobiernos de bota militar, estos futuros portavoces de los colonizados crecían poco a poco. Ya cuando estaban listos y prestos para escribir, se escuchaba su voz contra los siglos de opresión colonial. No pintaba nada bien para los aristócratas los indios letrados, todo porque a través del papel podían articular un movimiento y levantar a los oprimidos. Fausto Reinaga, Felipe Quispe, Rufino Paxsi y tantos otros, no solo “revelaron la realidad de los indios, sino que los rebelaron”, tal como escribió el amawta. Maximo Huañuyco (antes incluso de la revolución nacional) y Rufino Paxsi, poetas desconocidos para los círculos literarios blancos, reflejaban en sus inspiraciones todo un mundo desconocido, que anunciaban a sus pares la autodeterminación, a transitar por su propia vivencia y a la vivisección personal, pero los indios a pesar de los derechos a la educación no sabían leer ni escribir en su propio idioma nativo. Así pasaron al olvido bellos poemas como “Illampu pampana jakiri”, “P’itikir imilla”, “Qullana”… Esos p’asp’as que antes aparecían en un poema de Oscar Alfaro como los ponguitos, ahora eran los sujetos que escribían su historia. Poco después, otros ex colonizados escribían para protestar; sus denuncias, sus llamados a la conciencia y sus poemas, eran voces que tenían sed de justicia. No pedían socorros ni se escuchaba de ellos quejidos, éstos estaban braveados, y cada palabra trazada, picaba como la paja brava altiplánica en la mente de sus lectores. En febrero de 1988, en la editorial del boletín Ofensiva Tupakatarista, dirigida por Felipe Quispe Huanca, se leía: “Hermanos aymaras, hemos soportado 500 años de esclavitud, opresión, explotación y discriminación racial, cultural, espiritual, social económico y político…” La escritura se había convertido para éstos ex colonizados en un campo de lucha para transformar su existencia. Estaba claro que, “la idea que no trata de convertirse en palabra es una mala idea, y la palabra que no trata de convertirse en acción es una mala palabra”, como sentenció el apologético inglés, G. K Chesterton. En fin, para las clases aristocráticas, leer y escribir puede ser pasa tiempo, porque, tienen horas de ocio, por lo que, la lectura y la escritura solo cumplen la función de la distracción y no necesitan transformar su condición, sin embargo, el derecho conquistado por los indios a estos saberes, no fueron para el descanso sino para cambiar su realidad, entonces, leer y escribir tienen importancia en la medida que es acción, ideas que serán movimiento ¿Acaso una acción no es producto de una idea? Si los dominados no escriben ni generan ideas sobre su existencia, entonces, ¿quién escribe y piensa por ellos para transformar su condición existencial? Esa es la razón y necesidad de leer y escribir: liberarnos.

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Plata para nadie

Es preocupante que la AJAM admita abiertamente que perdió el control del territorio, aunque  a estas alturas no debería sorprender a nadie. Ante tamaña confesión uno esperaría que suceda algo. Tal vez que aparezca plata, que se designe gente, que se presente un plan, no se algo. Pero no, al parecer eso no es urgente…

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Un ciudadano increpó al senador Nilton Condori

El DEBER publicó a ayer “Un ciudadano increpó al senador Nilton Condori”, tratando de mostrar un hecho calculado como espontáneo. No me interesa “sacar cara” por Condori, quien claramente le agarró el gusto a lanzar frases altisonantes para aparecer en medios. Hasta ahora no ha mostrado más que eso… Lo que quiero resaltar es que quien increpó a Condori fue Edgar Mora, un personaje conocido por aparecer en determinadas circunstancias y cumplir la tarea de atacar verbalmente a “enemigos” del antimasismo. Notas de prensa referidas a Mora se encuentran en varios medios, incluido El Deber. Por ello es llamativo que este último se refiera a este personaje de manera genérica como “ciudadano”, omitiendo identificarlo directamente. Mora ganó cámaras cuando en la Plaza de los Héroes se formó el Comité Cívico Popular, entre 2007 y 2008, por iniciativa de las personas que asistían a ese espacio y que trataban de responder de alguna manera a las agresiones racistas que se daban en Santa Cruz, Cochabamba y Sucre, especialmente. Desde el Comité Cívico Pro Santa Cruz se promovían esas agresiones, principalmente a través de la organización paramilitar Unión Juvenil Cruceñista. Las personas que asistían a los debates de la Plaza de los Héroes estaban muy indignadas por la violencia que sufrían los “indios” en otras ciudades y por el papel encubridor que jugaban varios medios de comunicación. Optaron por movilizaciones y, para ser identificados, decidieron tomar el nombre de Comité Cívico Popular, en contraposición al Comité Cívico Pro Santa Cruz. Desde el 2009 en adelante, el escenario político cambió, la plaza fue remodelada y el Comité Cívico Popular dejó de existir, pero Mora siguió usando ese nombre para aparecer en medios, pero al no tener bases reales en las que apoyarse, optó por ser presentado como “activista” opositor al MAS. Incluso llegó a presentarse como candidato para defensor del pueblo en 2022. Recientemente (ayer) se han registrado agresiones a Condori; una de ellas fue protagonizada por Mora. Se dieron el tiempo para esperar y “agarrar” al senador. Lo atacaron verbalmente con agresividad para asfixiarlo ante cámaras (para que se difunda), algo que no se ve en la gente de a pie (que sí está molesta, pero muy ocupada en resolver su día a día) y que es propia de trabajos encomendados contra enemigos políticos. No fue algo espontáneo y así como Mora tiene amplia experiencia en realizar ese tipo de trabajos, El Deber también tiene experiencia en maquillarlos.

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El racismo es la tradición más vieja del poder

Entendámonos de una vez, el racismo en Bolivia no son solo insultos, no son comentarios opas en redes sociales, tampoco son políticos o pseudoperiodistas que a veces con sus comentarios se pasan de vivos. No, el racismo hoy es casi una regla, es parte de esta horrible estructura que nos  quiere obligar  a aceptar las cosas como son, donde hartos obedecen y pocos mandan Esta realidad racista ni siquiera se cuestiona, se la válida, parece que todos la aceptan porque no les queda de otra. Cada cierto tiempo nos convocan a elegir quiénes representarán, cuidarán y en muchos casos profundizarán este racismo, lo peor es que lo disfrazan de política y dicen que todo es por nuestro bien cuando parece ser todo lo contrario. Los políticos, con algunas pocas excepciones, llevan décadas mirando a la gente hacia abajo, con mucho desprecio y pena, como si fuéramos un caso de caridad. Las expresiones o acciones racistas o clasistas no son errores, no lo fueron antes y no los son ahora. Siempre fueron políticas de Estado, asentando narrativas extrañas para justificar sus terribles decisiones, como que los indígenas eran el “problema”, como que los campesinos son “ignorantes”, como que cualquier demanda hecha por cualquier sector es una “minoría resentida”. Esto no es solo de este gobierno es de muchos otros gobiernos pasados. Algún listillo dirá, “eso era antes, siempre miras al pasado”. Lo que no entienden es que lo que estamos viviendo es la continuidad de lo que siempre se hizo. Porque hoy personajes mediáticos salen a decir que los movilizados son “obligados”, que no saben pensar y por lo tanto no tienen voluntad propia, porque todos son juguetitos manejados desde el Chapare (como si el Chapare aún tuviera la fuerza para hacerlo). Esa es la lógica del desprecio en todo su esplendor. Por sus mentes no se concibe la idea de que un poncho rojo pueda tener criterio, porque si lo tuviera, tendrían que reconocer que su reclamo es legítimo. Y eso es peligroso para algunos que viven de esto. Pero si alguien dudaba de que el racismo estructural esté más vivo que nunca, que mire lo que está pasando en las calles de La Paz. Por ahí alguien mencionó un grafiti que dice “Haga patria, mate un indio”. Ese no es un comentario cualquiera, eso está hecho con total conciencia, eso dice mucho y prácticamente es una declaración de sus intenciones más oscuras. Lo preocupante es que no es aislado, en redes sociales, mucha gente escribe “los campesinos vienen a joder mi ciudad”, “Indios de m….”, “bala”, “salgamos a golpearlos”. Lo peor de todo esto, es que revisando detenidamente quienes escriben los mensajes más violentos, son cuentas digitales que en otras publicaciones comentan a favor de Doria Medina, Tuto Quiroga y otras figuras políticas que podríamos identificar como de derecha de clase alta. Entonces, esto invita a pensar ¿Por qué y para qué hacen esto? ¿Quién gana con esto? ¿Son bots? ¿Si fueran bots quién los paga? Definitivamente hay mucho que analizar en este punto. Pero esta situación también es geográfica y económica. Sin generalizar, en El Alto y en las laderas viven indígenas y descendientes de indígenas que son justamente quienes mantienen los bloqueos. Más abajo, por la zona sur, están las élites, generalmente de piel blanca que piden “mano dura”. Esa verticalidad es interesante para explicar esta estructura racista, porque los de arriba son los de abajo, y los de abajo son los que mandan, pero son los siguen mirando desde arriba. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ya lo dijo: las protestas se desarrollan en un contexto de “racismo estructural y sistémico”. No es mi percepción, es un diagnóstico de un organismo internacional, creo que mínimamente deberían tomarlo en cuenta y analizarlo. Ahora otro listillo dirá, “también existe racismo inverso”, y eso también hay que decirlo. Cuando los manifestantes ven alguien con tez más clara, le gritan “¡fuera q’aras!”. Pero aquí cuidado con caer en un falso equilibrio, una cosa es el grito de quien ha sido oprimido siglos y otro es el grafiti que invita a desaparecer un indio. No son lo mismo, aunque a algunos supuestos intelectuales de redes sociales les guste ponerlo al mismo nivel, supongo que para lavarse la conciencia. Indistintamente del lado en el que se encuentre, la realidad es que siete personas han sido víctimas fatales de todo este conflicto. Y mientras tanto, el gobierno genera una nueva etiqueta: “narcoterroristas”, no dice nada sobre los grupos de choque que descaradamente sacan armas caseras y no caseras en las mismas narices de la policía. ¿Por qué hace esto? ¿Tal vez  porque necesita estigmatizar y agrupar a varios sectores que lo cuestionan? Seamos claros, no son simplemente personas racistas, son personas que entienden que las diferencias sociales son también diferencias raciales, y eso no se arregla con folletitos de sensibilización, hay mucho por hacer, y quien debe hacerlo parece que está mirando hacia otro lado. La estructura debe ser cuestionada, mientras todo siga igual el racismo seguirá siendo la base del poder.

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El odio resurge cuando el indio se rebela

2026. Escuchen: “Campesinos de m…”, “Haga patria, mat3 un indio”. Es la voz del civilizado. La reproducción del racismo, en todas sus dimensiones no es reciente. El 2019 nos escupieron: “hordas” y “salvajes”; 2000-2003, se habló sobre la criminalidad aymara; 1900, hay que “regenerar la raza”, y así se puede retroceder haciéndoles recuerdo sobre ese odio al indio. Ese odio resurge cuando el indio se rebela, ¡ah!, pero cuando es buen indio, es el “hermano indígena”, el “camarada campesino” que inspira cultura folclórica. Esa convencionalidad descansa en el conocimiento de su posición de q’ara, que cuando el indio afecta su posición y comodidad heredada, el mejor discurso para anularlo es su racismo crudo.

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Analistas de minorías – “Miopía de analistas”

“Minorías efectivas”, una muletilla repetida por los “analistas” de siempre y sus retoños; un grupo reducido, pero formado por “caseros” de los “mass media” por razones políticas. Algo que me llama la atención en esto es que quienes usan dicha muletilla son minorías “evasivas”, pero masificadas mediáticamente. Desfiguran de manera intencional la situación, presentando “artificios efectivos”, como la “mayoría que quiere trabajar” frente a los “bloqueadores”. Así evaden los temas que ponen en riesgo a sus patrocinadores; ese es su trabajo. Hay un antecedente muy ilustrativo sobre cómo, desde grupos de poder, se usa la idea de minorías y mayorías según les convenga o no. En 2006, el Movimiento Al Socialismo (MAS) había logrado obtener 137 representantes en la Asamblea Constituyente, de un total de 255 asambleístas. Es decir, logró mayoría absoluta. La oposición de entonces, para frenar la mayoría lograda en urnas por el MAS, se atrincheró en “democracia es dos tercios”, alegando también que se debía respetar a las minorías. Si el MAS hubiera logrado dos tercios, seguramente la oposición hubiera dicho que “democracia es tres cuartos” y así… No fue solo eso, pues simultáneamente trataron de anular la Asamblea Constituyente usando como pretexto el tema de la capitalía plena y agitando el racismo contra quienes habían logrado ser mayoría. Ninguno de los “analistas” los identificó como “minorías efectivas”. Las posibilidades que se abrían con dicha asamblea, los riesgos (más imaginarios que reales) que veían las élites bolivianas, entre otros, estaban condicionados por el escenario que se abrió con las movilizaciones de inicios de siglo. La violencia racista y el refugiarse en los dos tercios no se entienden sin ver el proceso más amplio en el que emergen. Reducir hoy la situación del país a una “mayoría que quiere trabajar” frente a los “bloqueadores” es un recurso para dejar de lado lo que está en juego y que va más allá de lo coyuntural. No se trata de simple miopía de analistas. Es un trabajo de “análisis” deliberado en favor de minorías para evitar referirse a la “Bolivia instrumentalizada: La red que capturó un Estado” con el gobierno de Rodrigo Paz.

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