Autor: Sergio Cáceres
Autor: Sergio Cáceres Leer más »
Somos los ilegalizados. Los que pierden valor en la hoguera de las necesidades. Somos los que corren detrás de cualquier posibilidad de alivio, de riqueza, de paz. Los vándalos, los ignorantes, los insumisos: tiene sentido ser a veces lo que dicen de nosotros, y a veces tiene sentido lo contrario… y queremos demostrarlo. No cerramos los ojos a nuestras limitaciones pero tampoco somos tontos, sabemos quiénes mienten, quiénes asaltan nuestro porvenir. La cosa es seria. Pero no acartonada. Algunas estupideces que encontramos todos los días nos hacen reír, y mucho. Las pachotadas de los charlatanes son material para la comedia. Lo mismo desde el poder que desde las ongs y esas escuelitas donde la educación tiene apenas el aroma de la docilidad y de la soberbia. En el país de los hamburgueseros millonarios, de los políticos que parecen standuperos (todos menos el Tuto, que siempre cuenta el mismo mal chiste), aquí, se puede uno reír todavía. Hoy que tenemos un gobierno que apesta a gasolina adulterada queremos probar a decir algo en medio del estruendoso silencio general de las redes y la actitud servil de los medios. Al parecer, gracias a nuestros propios votos, hemos vuelto a vivir a la defensiva. Es una ilusión. Más bien decidimos un camino que por ahora no nos lleva a donde prometía. Habrá que seguirle forzando la mano, a ver si aprenden o son tan tercos como sus mayores. Siguen por ahí los racistas y los cobardes, diciendo que no tenemos ni educación ni valores. En realidad, creen que no tenemos memoria ni palabras suficientes. Ya nos cansamos de que hablen de nosotros sin siquiera pretender un diálogo, despreciando nomás. También a ellos va dedicada esta empresita: volvieron palabras como “indio” sinónimos de algo negativo, de corrupto o de salvaje, como si nosotros hubiéramos disparado en 2001, en 2003 o en 2019… tenemos algo decir al respecto: váyanse al carajo. Así nomás somos, ilegalizados y burdos, cortantes o graciosos, según venga la mano… Serie B para servirles. Mayo de 2026.
Serie B – Presentación Leer más »
Paye le dio a Paz una sopa de su propio chocolate. El ejecutivo de los mineros dijo que si el presidente no tiene respuestas para Bolivia, “te queda… un cuarto de giro y retirada”, como decía en campaña a los masistas. A ver si Paz, que no hizo el servicio militar, entiende…
Paye: “te queda… un cuarto de giro y retirada” Leer más »
En la novela “La madre”, Máximo Gorki describe el nacimiento de la certeza y del ejercicio ideológico en un personaje bastante inesperado: Una mujer mayor, viuda, sin muchos sueños en la mirada, con un pasado lleno de oscuridad por ser la esposa de un trabajador violento y alcohólico que, de seguro, también creció con los sueños ahogados en la mazamorra de la pobreza y la falta de oportunidades, la miseria del alma se retuerce en las sombras que son sobras no tan selectas, porque no cuestan nada, salvo la misma muerte del espíritu de quienes pugnan por sobrevivir en su superficie; esta mujer, Pelagueya Vlasova, al quedar viuda, comienza a ser primero testigo y luego cómplice de las reuniones en las que su hijo, Pavel, junto a sus compañeros de estudio, debaten sobre la realidad política de su contexto: Hablan de lo que está pasando en el gobierno, en las calles, en las plazas, en los hospitales y hasta en las escuelas; hablan de política, del poder como algo tan ajeno y siniestro, que no tiene asidero ni posibilidad de ejercicio pleno para gente como ellos, que son del proletariado que, en palabras del mismo Gorki, ven el día a día como un paso inevitable hacia la tumba; y sin embargo, ella comienza a entender e indignarse por las cosas que se supone solo saben los que tienen el poder. Y comprende bien lo que debe hacer. En “Viñas de Ira” de John Steinbeck, cuando los bancos comienzan a introducir sus colmillos en la estabilidad social y económica de una comunidad campesina creyente, provoca que los hombres se pongan serios, en tanto las mujeres atienden con más efusividad a sus hijos y se apartan de la conversación que los primeros están teniendo entre sí, en un espacio abierto: La plaza del pueblo, detrás de los establos, acuclillados y dibujando con ramas sobre la tierra sedienta, y hablan, hablan de lo que son, de cómo podrían ser, ahora que son maridos y padres, y con esto, deciden comenzar un éxodo que, a la par de la gran “Altiplano” de Raúl Botelho Gosálvez, es el inicio de otro infierno, el de la migración interna en tiempos de crisis. En “V de Vendeta”, la novela gráfica más política del siglo XX después de “Maus”, el gobierno futurista de este universo decreta como “grave delito de sospecha” que se reúnan más de tres personas en plena calle, y castiga a quienes preguntan por qué el toque de queda y el estado de sitio son pan diario para esa realidad; en “El planeta de los simios” de Pierre Boulle, la civilización primate de ese extraño mundo también usa a las plazas y los andenes para conversar cómo están siendo gobernados, los monos son los ciudadanos; los gorilas, la fuerza del orden; los orangutanes, los intelectuales y los chimpancés son los diplomáticos, quienes gobiernan al resto. Son los orangutanes quienes convierten los espacios públicos en ágoras donde se habla sobre la crueldad hacia sus mascotas simbólicas, es decir, los humanos. Dian Fossey y Konrad Lorenz escribieron teoría sociológica relevante a partir de convivir con gorilas y gansos; Fossey y su espléndido estudio “Gorilas en la niebla”, de 1983, que también fue la razón para su muerte, en 1985 en circunstancias oscuras, describió los procesos del miedo de los gorilas al ser diezmados y desplazados a la fuerza por los hombres; ella llamó a esto “colonización mediante la violencia naturalizada”, y describió el trato cotidiano entre gorilas como estresante por estos fenómenos, porque los gorilas machos se posicionaban en los límites de sus territorios como si estuvieran “reuniéndose”, en tanto vigilaban que los traficantes no entraran a sus dominios invisibles para matar a sus parejas o crías. Lorenz crio gansos y se convirtió en su madre, les enseñó a nadar y anotó todo lo que veía cuando no los atendía; ¿el resultado? El libro “Sobre la agresión” de 1963 y “Sobre la agresión: El Pretendido Mal” de 1972 lo catapultaron a la atención de profesionales en ciencias sociales, hasta que en 1973 ganó el premio Nobel por sus aportes a la etología. Lorenz había creado teoría sociológica a partir de contemplar gansos y sus interacciones con otras especies. Estos dos ejemplos son claros indicios de que no estamos tan alejados de la animalidad al momento de sopesar el poder. Solo vean a los perros en las perreras y los cerdos en las granjas, hasta las hormigas, a pesar de su sistema fenotípico, tiene en ciertas ocasiones estallidos de rebeliones por cambios en el clima y otros factores muy alejados de las relaciones de poder como las conocemos. Svetlana Alexievich, la escritora que llevó el lenguaje conversacional al territorio periodístico de una manera contundente; decidió otorgarles el poder de la dignidad a los testimonios de tanta gente, en la palestra de la literatura masificada. La gente que hablaba de lo vivido en Chernóbil, los conflictos entre Rusia y Ucrania, el hambre o la ausencia del varón en familias por las guerras, fueron su lienzo donde, también, el poder se reflexionaba con un discurso contundente. Todos estos ejemplos están acá para demostrarles a cada uno de ustedes que no solo me gustan libros de Stephen King o de Fausto Reinaga y que no solamente paso de ser un cojudito resentido que golpea imbéciles, cuestiona a culoblancos porque soy un “atrevido que no sabe su lugar”, como dijo la atropellaniños de la Ariadna Soto hace unos tres años o que me gusta mucho la música de L-Gante y María Becerra, al tiempo que tarareo canciones de Sabathan, todos estos músicos con la misma y poderosa carga política que, obviamente, los putos de The cure o los ingenuos de los powermetaleros terraplanistas no tendrían aunque quisieran. La verdad es que soy eso y más, y me divierte a la vez que el diálogo entre lectores y escritores se dé algunas veces de manera tan vertical y cruda, como si nosotros, los que publicamos libros, o los pocos que vivimos plenamente
Sobre submundos y hablar de lo que no se habla Leer más »