Hegemonía, el poder en la mente
¿Por qué el pobre que no tiene para comprarse una casa o ir a un médico, defiende al rico que lo explota? ¿Por qué el pobre que no puede acceder a la justicia y solo puede ser víctima de ella, termina defendiendo las leyes? ¿Por qué aceptamos como ovejas cualquier gobierno salido de las elecciones, aunque sea un mal gobierno? ¿Por qué consideramos que estar atados a un trabajo que paga una miseria y que apenas nos permite la sobrevivencia es lo mejor que nos pudo pasar en la vida? ¿Por qué pensamos que hacer que otra persona trabaje para mí, es decir que se sacrifique para darme dinero a mí que no trabajo, es normal? ¿Por qué consideramos que ser solidario y generoso con los demás es una ingenuidad y una debilidad? La respuesta a estas preguntas está en un concepto político que los analistas utilizan mal y que en este texto te vamos a explicar: la hegemonía. Antonio Gramsci La hegemonía es un concepto que usaba Gramsci (1891-1937) para llamar al dominio que tenía el sistema capitalista en Italia y en otros países europeos de su tiempo. La idea es que el capitalismo no solo domina por medio de la coerción, es decir no solo domina a través de la policía o el ejército. Es sabido que en el capitalismo la policía y el ejército se ocupan de desarmar y aplastar a los sindicatos y otras organizaciones que quieren rebelarse contra la explotación en sus fuentes de trabajo. Esa fuerza rebelde que amenaza con tomar las fábricas es enfrentada por los policías o por el ejército. El punto, entonces, para los trabajadores es cómo derrotar a esos organismos de coerción del Estado; hay que hacer huelgas, marchas, hay que sumar a más sectores a la lucha, hay que convencer a secciones de la policía o el ejército para que cambien de bando, etc… Pero Gramsci vio que en realidad la lucha de los trabajadores estaba dejando de lado un factor igual de importante y, según se vea, tal vez más importante que la coerción. Se dio cuenta de que el dominio de la burguesía no se asentaba solo en la policía o el ejército, se dio cuenta de que el dominio estaba en la mente de los trabajadores y del pueblo en general. Este dominio de la mentalidad se hace por consenso. Gramsci describe cómo se logra ese consenso y cómo actúa de la mano de la coerción; a este sistema de coerción y consenso lo denominó hegemonía. Gramsci plantea que, en el sistema capitalista, la población nace y crece en un ambiente estructurado en base a lineamientos morales y éticos que conforman la base de la mentalidad popular sobre la que se asienta el sistema capitalista. Las bases de nuestra vida en el capitalismo La democracia: estamos de acuerdo en que el mejor sistema de gobierno es la democracia, por no decir que en realidad creemos que es el único posible. La negación de la democracia se denomina dictadura, la cual es aborrecida por todos como sinónimo de tiranía, corrupción y violencia. Estamos convencidos de ello y no solo por lo que nos dicen el presidente, los analistas, los periodistas y cuanto otro ser se ponga en una pantalla de televisión o ante un micrófono de radio, sino porque está dicho en la Constitución y afirmamos rotundamente que ni la Ley de leyes ni ninguna otra ley puede ser contradicha. Nuestra única actividad política se reduce a votar en las elecciones. Si pensamos que nos equivocamos y hemos elegido a un mal presidente, tenemos que aguantarnos y esperar 5 años para votar por otro candidato. Como resultado de esta visión del poder político, creemos que la solución a los problemas del país está en elegir un buen presidente. En nuestro marco mental no hay otras opciones, el gobierno debe regularse por medio de una Constitución, de un presidente, de una asamblea, de unos alcaldes y gobernadores. Es como la idea del rey en tiempos de la colonia, aquella gente tampoco creía (y se equivocaba) que podría haber una forma de gobierno diferente, solo podía mandar un rey español. En lo laboral creemos que la salvación de nuestras vidas, es decir la seguridad de un ingreso económico suficiente para nuestras necesidades viene de adquirir un buen trabajo, ya sea en del Estado o de la empresa privada. No nos cuestionamos si el sueldo que recibiremos es mucho menor que lo que realmente deberíamos recibir tomando en cuenta nuestra capacidad productiva, solo nos fijamos si es suficiente para comprar comida para nuestra familia, vestirla, mandarla al colegio y guardar un poco para pagar el préstamo del banco para comprar nuestra casa. Contamos también con una esperanza secreta, que si somos lo suficientemente inteligentes, si tenemos suerte y logramos un capital, podemos comenzar nuestro propio negocio y llegar a generar el dinero que necesitamos para tener el futuro asegurado y quién sabe si más que eso. Los más pobres solo queremos que la economía del país se estabilice para que la gente pueda comprar nuestros productos agrícolas o las mercancías de poco valor que traemos de contrabando. Aquel que logre un poco de capital, cree que está bien contratar a otros seres humanos a los que no les hará un contrato formal, les pagará poco, los hará trabajar más de 8 horas, en fines de semana y feriados; estos pobres semi-esclavos a menudo son de su propia familia. Pero eso sí, se considerará un gran benefactor porque da trabajo a los que lo necesitan. Porque si quieres hacer dinero de verdad y no solo sobrevivir, te debes de aprovechar de la fuerza de trabajo de los demás. ¿Por qué el pobre que no tiene para comprarse una casa o ir a un médico, defiende al rico que lo explota? Porque espera algún día ser como él. Estos son nuestros valores y principios en la sociedad capitalista, cualquier idea que contravenga estas bases es descartada sin siquiera tomarse en consideración,
Hegemonía, el poder en la mente Leer más »
