El fantasma de octubre

El “fantasma de octubre” es esa posibilidad de que nuevas movilizaciones terminen tumbando al gobierno, como ocurrió en octubre de 2003. Hoy ese fantasma acecha a Rodrigo Paz El “Pollo” tiene más rechazo que durante los más de 50 días de protestas de este año. Que gran parte de ese rechazo se vuelque a las calles es algo cada vez más posible. Podría darse en octubre o incluso en septiembre, pero la situación de gobierno no es la misma que en mayo y junio y el resultado podría ser muy distinto. Los más de 50 días de protestas que tuvimos mostraron la capacidad de movilización de varios sectores, principalmente rurales. El amedrentamiento, mediante detenciones de varios dirigentes, no ha sofocado el mal estar entre quienes en su momento salieron a las calles. Todo lo contrario. En medio de la desastrosa gestión gubernamental, se ha tomado como una razón más para exigir la renuncia de Paz. De yapa, el estallido del caso Cerimedo, principal asesor de Paz, llega como gasolina en un escenario inflamable. Ya muchos de quienes defendían a capa y espada al gobierno durante los bloqueos han cambiado de opinión. La incertidumbre abruma a los sectores populares. La única certeza que se apuntala es que con este gobierno no solo las cosas no mejoran, sino que van a peor. ¿Volveremos a la situación de mayo y junio? ¿Un gobierno inca-Paz frente a sectores movilizados que no pueden articular a otros para inclinar la balanza? A diferencia de otras movilizaciones, como en 2019, los sectores ubicados en las periferias urbanas, salvo algunos casos, no se sumaron a los bloqueos que sostenían pobladores del campo durante más de 50 días, pero no por estar a favor del gobierno. Los sectores populares venían asimilando el golpe económico que significó la eliminación del subsidio a los carburantes y enfrentaban la escasez de productos y alza de precios por las medidas de presión. A la vez, las protestas no les “ofrecían” un horizonte más allá de lo inmediato: la renuncia de Paz. Quedaron políticamente paralizados entre administrar el día a día de “su” pobreza y la incertidumbre. En los más de 50 días de protestas vimos dirigentes desconcertados y erráticos, con perspectivas muy estrechas. No estaban a la altura. En buena medida, son el producto del “proceso de cambio”, del control del MAS sobre organizaciones y del “control” a nivel de base de amplios sectores que apoyaron decididamente a dicho partido en el gobierno. A diferencia de los dirigentes que se formaron en las luchas antes del “proceso de cambio”, quienes hoy encabezan distintas organizaciones no tienen experiencia en confrontar al poder y, por lo mismo, no han desarrollado recursos discusivos ni de acción. Sin embargo, no solo se trata de la dirigencia, pues estos también expresan lo que sucede en sus sectores. Sumado a ello, las jornadas de bloqueos, en los niveles organizacionales más cercanos a las bases en el departamento de La Paz, en muchos casos, fueron la oportunidad para que jóvenes dirigentes empiecen a adquirir cierta visibilidad en lo local, disputando el qué se dice y el cómo se hace… Estos, en muchos casos, lograron conectar con el “desencanto” campesino frente al gobierno del “español Rodrigo Paz”, esgrimiendo la radicalidad indianista frente a los q’aras. Suplían con entusiasmo y aires de autosuficiencia el análisis frío de la situación, de la correlación de fuerzas o de las debilidades de los actores en la disputa. Las protestas están casi a la vuelta de la esquina. Sectores antimasistas que se han distanciado del gobierno tienen interés en acortar el mandato de Paz y podrían aprovechar la situación. Jorge Tuto Quiroga sería su primera ficha. Pero es muy dudoso que este logré ganar terreno entre los sectores populares púes representa lo que estos rechazan. Del otro lado está, les guste o no, está Evo Morales Ayma, quien conserva aún un núcleo de apoyo duro entre sectores rurales. Aunque cabe hacer notar que en 2005, a diferencia de Felipe Quispe, Evo era un articulador: buscaba sumar. Hoy, después de haber sido endiosado, ya no articula; espera que los otros reconozcan, a ciegas, “su grandeza”. De darse nuevas movilizaciones, lo más probable es que no tendremos cosas muy distintas a nivel dirigencial respecto a lo que ya se vio en mayo y junio. Seguramente los jóvenes dirigentes a nivel de comunidades y subcentrales retomarán la iniciativa. Pero entre todos estos niveles dirigenciales, aunque no sea su propósito, pueden terminar favoreciendo a Paz. Los erráticos nacionales y los entusiastas locales podrían dar lugar al aislamiento de las posibles protestas. Sin embargo, el descontento con el gobierno es tal que podríamos tener movilizaciones mucho más masivas, en las que las dirigencias terminen siendo ampliamente rebasadas. Inicia septiembre y el “fantasma de octubre” acecha cada vez más al gobierno…

El fantasma de octubre Leer más »